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Acciones que cuentan

Envejecimiento saludable: las desigualdades en el acceso a la asistencia sanitaria

El aumento de la esperanza de vida constituye un avance cuyo alcance sigue siendo incompleto cuando el acceso a la asistencia sanitaria sigue estando determinado por los ingresos, el lugar de residencia o la disponibilidad de apoyo familiar. Para la Asociación Mundial para el Desarrollo, el envejecimiento saludable implica la responsabilidad colectiva de garantizar el acceso a la prevención, los tratamientos y el acompañamiento a medida que evolucionan las necesidades. La longevidad debe traducirse en oportunidades reales de vivir con mayor autonomía y seguridad.

Según las previsiones presentadas por la Organización Mundial de la Salud, una de cada seis personas tendrá 60 años o más en 2030, y esta población alcanzará los 2.100 millones de personas en 2050. La adaptación de los sistemas sanitarios representa, por tanto, una transformación estructural que debe llevarse a cabo en todas las regiones del mundo.

¿Qué significa realmente envejecer con buena salud?

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El envejecimiento saludable se refiere a la posibilidad de conservar las capacidades necesarias para realizar las actividades que una persona considera valiosas. Debe evaluarse en función de su situación, su entorno y los apoyos de los que dispone.

La OMS destaca la gran diversidad de trayectorias en la vejez. Personas de la misma edad pueden presentar capacidades y necesidades muy diferentes. Las condiciones sociales y ambientales a las que se ha estado expuesto a lo largo de la vida contribuyen a explicar estas diferencias.

Este enfoque exige ir más allá de una interpretación basada únicamente en el número de años vividos. La calidad de un acompañamiento depende de su capacidad para tener en cuenta de forma conjunta la salud, la movilidad, las actividades cotidianas y las preferencias individuales.

Para la AMD, preparar el envejecimiento en cada etapa de la vida constituye una orientación esencial. La prevención y la continuidad de la atención deben permitir preservar las posibilidades de actuar, elegir y participar durante el mayor tiempo posible.

¿Qué obstáculos dificultan el acceso a la atención sanitaria?

El acceso a la atención sanitaria se basa en una cadena de condiciones: reconocer una necesidad, encontrar un interlocutor, concertar una cita, acudir al servicio y continuar con la atención. Una interrupción en cualquiera de estas etapas puede hacer que un servicio resulte inaccesible, incluso cuando existe.

La dimensión financiera es determinante. A los gastos de consulta y de medicamentos pueden sumarse los gastos de desplazamiento o de acompañamiento. La OMS recuerda que la cobertura sanitaria universal debe integrar las necesidades de las poblaciones que envejecen y favorecer unos servicios sanitarios y sociales coordinados.

La claridad del proceso es igualmente importante. Una persona debe poder comprender los trámites, identificar el servicio competente y saber a quién dirigirse cuando su situación cambie. Por lo tanto, la evaluación del acceso debe centrarse en el uso efectivo de los servicios.

La AMD considera que esta efectividad constituye un criterio fundamental de la equidad. El reconocimiento de una cobertura sigue siendo insuficiente cuando los costes, las distancias o la complejidad de los trámites siguen impidiendo recibir la atención necesaria.

¿Por qué se acumulan las desigualdades a lo largo de la vida?

Las condiciones de salud en la vejez llevan la huella de las trayectorias vitales anteriores. Los recursos disponibles, las condiciones laborales y las posibilidades de prevención contribuyen a configurar trayectorias diferentes.

El Banco Mundial destaca la importancia de un enfoque de la longevidad que combine salud, educación, nutrición y protección financiera. Asimismo, señala que las mujeres, aunque suelen vivir más tiempo, pueden sufrir períodos más prolongados de enfermedad o discapacidad con menos recursos para hacerles frente.

Estas observaciones exigen un análisis minucioso de las disparidades. Las medias nacionales, por sí solas, no permiten comprender la situación de las personas con bajos ingresos, de los habitantes de zonas remotas o de aquellas que necesitan un acompañamiento regular.

También es importante documentar las necesidades que quedan sin respuesta. Los trabajos publicados en 2025 por el Centro de la OMS para el Desarrollo Sanitario sobre las necesidades no satisfechas en materia de atención sanitaria y acompañamiento social abarcan varias regiones del mundo. Contribuyen a realizar un mejor seguimiento de la cobertura sanitaria en las poblaciones que envejecen.

Una política equitativa debe ser capaz de identificar a las personas a las que los servicios llegan con dificultad y comprender las razones de esta situación.

¿Cómo adaptar los sistemas sanitarios al envejecimiento?

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La adaptación supone crear itinerarios centrados en la persona, en los que las intervenciones respondan a una evaluación coherente de sus necesidades. La coordinación entre los profesionales y los servicios se convierte, por tanto, en una condición indispensable para la calidad.

El manual de la OMS sobre la atención integrada para las personas mayores, en su segunda edición publicada en 2025, propone itinerarios que deben adaptarse a los contextos locales. Se centra, en particular, en la detección de la disminución de las capacidades, la consideración de las necesidades de apoyo y la elaboración de planes de cuidados personalizados.

Esta orientación concede gran importancia a la atención de proximidad, a la formación de los profesionales y al intercambio de la información necesaria para el seguimiento. Permite plantearse la continuidad entre una consulta, un tratamiento y el acompañamiento diario.

La prevención también debe seguir siendo accesible para todas las edades. La OMS recuerda que la promoción de la salud a lo largo de toda la vida puede contribuir a reducir los riesgos de enfermedades crónicas y de limitaciones funcionales.

Para la AMD, estas adaptaciones deben mantener un mismo requisito: las crecientes necesidades de una persona no deben dar lugar a una fragmentación de su atención ni a una reducción de su capacidad para participar en la toma de decisiones.

¿Cómo organizar un acompañamiento sostenible?

Cuando las necesidades se prolongan, los cuidados de larga duración y la ayuda en la vida cotidiana se convierten en componentes esenciales del apoyo. Su organización implica a los servicios públicos, a los profesionales, a las familias y a las comunidades.

Los trabajos de la OMS Europa dedicados a la inversión en cuidados de larga duración ponen de relieve sus dimensiones sociales y económicas, así como sus implicaciones para las personas atendidas y su entorno.

La calidad de esta organización depende de varias decisiones: las prestaciones cubiertas, su financiación, la preparación de los profesionales, el apoyo a los cuidadores y el respeto a las preferencias individuales. Estas dimensiones deben plantearse de forma conjunta para dotar de estabilidad al acompañamiento.

La Década de las Naciones Unidas para el Envejecimiento Saludable, que abarca el período 2021-2030, propone un marco común para mejorar los entornos de vida, la atención integrada y el acceso a unos cuidados de larga duración de calidad.

La Asociación Mundial para el Desarrollo recuerda que los años ganados deben poder vivirse con dignidad, seguridad y autonomía. Por lo tanto, el alcance de los avances sanitarios se mide también por la capacidad de las instituciones para hacer accesibles sus beneficios. Preservar esta ambición exige contar con sistemas que acompañen a las personas a largo plazo y respondan a sus necesidades sin comprometer su libertad de decisión.

 

 

 

SAMYATH A. AMOUSSA