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Acciones que cuentan

Declaración institucional del presidente ejecutivo de la Asociación Mundial para el Desarrollo en el marco del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas

Dotar a los compromisos mundiales de los medios necesarios para que se hagan realidad

La Asociación Mundial para el Desarrollo celebra la celebración del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas y expresa su apoyo a los esfuerzos emprendidos para restablecer la confianza, reforzar la cooperación internacional y generar resultados accesibles para todos.

Los compromisos adquiridos a escala internacional abren perspectivas que trascienden las fronteras de los Estados. Orientan las políticas públicas, organizan la cooperación y pueden movilizar recursos decisivos para el futuro de las sociedades. Sin embargo, su alcance depende de lo que ocurra tras su adopción: los recursos comprometidos, las responsabilidades asumidas y los cambios que realmente se hagan posibles.

La Asociación Mundial para el Desarrollo hace un llamamiento para reforzar la continuidad entre los compromisos internacionales, los recursos movilizados y su cumplimiento efectivo en beneficio de los pueblos y las comunidades.

El tema de esta sesión, «Restablecer la confianza, gestionar la transformación: una Organización de las Naciones Unidas al servicio de todos», sitúa esta responsabilidad en el centro de la reflexión internacional. Invita a examinar las condiciones en las que la cooperación puede responder a las expectativas del mundo contemporáneo.

Para la AMD, la confianza en el sistema multilateral depende, en particular, de su capacidad para hacer posible la acción colectiva allí donde los esfuerzos nacionales siguen siendo insuficientes. Dicha confianza se basa en la previsibilidad de los compromisos, la equidad de las normas y la posibilidad de que cada pueblo encuentre en la cooperación internacional un apoyo para su propio desarrollo.

Las Naciones Unidas ocupan un lugar esencial en esta empresa. Ofrecen un marco de diálogo entre los Estados, apoyan la búsqueda de soluciones comunes y contribuyen, a través de sus distintas instituciones, a la protección de las personas y al desarrollo. Estas funciones deben preservarse. Su importancia obliga asimismo a examinar los obstáculos que limitan su ejercicio.

La existencia de un acuerdo internacional no garantiza su aplicación. Se puede reconocer una prioridad sin que se destinen los recursos necesarios. Se puede anunciar una financiación sin que esta resulte accesible para los actores implicados. Se puede poner en marcha un programa sin que las instituciones locales dispongan de la capacidad necesaria para llevarlo a cabo.

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Es en estas discrepancias entre las decisiones, los medios y la acción donde los compromisos fundamentales pierden parte de su alcance.

Las consecuencias se manifiestan en ámbitos muy concretos. Una política educativa solo produce efectos duraderos si los centros funcionan, si los docentes están formados y si los alumnos pueden continuar su escolarización. Una infraestructura sanitaria requiere personal, equipamiento y un suministro regular. Un programa de empoderamiento económico debe permitir a las mujeres acceder efectivamente a las competencias, los recursos y las oportunidades necesarias.

Estas realidades llevan a la AMD a defender un enfoque del desarrollo que preste especial atención a la continuidad de los servicios, a la solidez de las instituciones y a la capacidad de las comunidades para participar en las transformaciones que les afectan. Exigen que los compromisos internacionales se conciban teniendo en cuenta las condiciones necesarias para su cumplimiento.

La conmemoración del cuadragésimo aniversario de la Declaración de las Naciones Unidas sobre el Derecho al Desarrollo confiere a esta sesión un alcance especial. Recuerda que el desarrollo constituye un derecho de toda persona y de todos los pueblos: el de participar en el desarrollo económico, social, cultural y político, de contribuir a él y de beneficiarse de él.

El reconocimiento de este derecho obliga a los Estados a crear las condiciones necesarias para su realización y exhorta a la comunidad internacional a promover un entorno más equitativo. Exige que el crecimiento económico se traduzca en una mejora de las condiciones de vida, el acceso a los servicios esenciales, la reducción de las desigualdades y la participación efectiva de las poblaciones en las decisiones que determinan su futuro.

La paz constituye una de estas condiciones fundamentales.

Los conflictos destruyen vidas y desorganizan las sociedades. Sus efectos se prolongan en la interrupción de las trayectorias educativas, el deterioro de los sistemas sanitarios, la desaparición de las actividades económicas y el debilitamiento de las administraciones. Los desplazamientos forzados extienden estas dificultades a los territorios de acogida, donde las necesidades adicionales ejercen presión sobre las infraestructuras, las finanzas públicas y los equilibrios sociales.

La prolongación de un conflicto compromete, por tanto, las inversiones acumuladas a lo largo de los años y reduce las posibilidades de desarrollo de las generaciones venideras. Esta dimensión debe tener mayor peso en las decisiones internacionales relativas a la prevención, la mediación y la resolución de crisis.

La AMD insta a los Estados a que presten un apoyo constante a las iniciativas diplomáticas, respeten sus obligaciones para con la población civil y faciliten la acción humanitaria. Asimismo, considera necesario articular mejor las respuestas de emergencia con el restablecimiento de los servicios esenciales, las instituciones y los medios de subsistencia. Las poblaciones deben poder recuperar las condiciones para una existencia autónoma.

La capacidad de financiar el desarrollo exige una responsabilidad igualmente decisiva.

Las ambiciones colectivas resultan difíciles de mantener cuando los países no disponen de recursos previsibles para invertir en sus prioridades. El peso de la deuda, las condiciones de acceso a la financiación y la fragmentación de las intervenciones pueden reducir los márgenes necesarios para aplicar políticas sostenibles.

La AMD apoya una evolución de la arquitectura financiera internacional que permita tener más en cuenta las vulnerabilidades de los países y sus necesidades de inversión a largo plazo. Los socios financieros deben buscar una mayor coherencia en sus intervenciones, facilitar el acceso a los recursos y apoyar las capacidades nacionales de ejecución.

Esta exigencia también compromete a las autoridades públicas. La movilización de fondos debe ir acompañada de una gestión rigurosa, de transparencia en su utilización y de una atención especial a su distribución. El desarrollo depende tanto de los recursos disponibles como de la capacidad para transformarlos en servicios accesibles y en oportunidades económicas sostenibles.

Las transformaciones medioambientales y tecnológicas hacen que estas decisiones resulten más complejas.

La transición climática debe llevarse a cabo teniendo en cuenta las condiciones de vida y de producción de las poblaciones. Proteger los recursos naturales, adaptar las infraestructuras y hacer evolucionar los sistemas energéticos exige un acompañamiento de las comunidades y los trabajadores afectados. Los países más expuestos deben poder acceder a medios adaptados a sus necesidades, sin que la respuesta a los riesgos medioambientales comprometa la financiación de sus servicios esenciales.

Por su parte, la inteligencia artificial abre nuevas posibilidades en los ámbitos de la educación, la salud, la investigación y la administración pública. Sin embargo, el acceso a estas posibilidades depende de las infraestructuras, las competencias y las capacidades de gobernanza. Una distribución profundamente desigual de estos recursos podría acentuar las brechas de desarrollo.

Por lo tanto, la cooperación internacional debe apoyar la formación, el acceso a las tecnologías y la capacidad de los países para controlar su uso. Asimismo, debe contribuir a la protección de los derechos y permitir que las sociedades participen en las decisiones que orientan estas innovaciones.

Estar al servicio de todos implica tener en cuenta a quienes disponen de menos medios para hacer valer sus prioridades.

Esta exigencia se refiere al papel de los países en desarrollo en las instituciones internacionales, en particular el de África. Se refiere asimismo a la participación de las mujeres, los jóvenes, las personas con discapacidad y las comunidades que no están suficientemente implicadas en la elaboración de las políticas.

Las poblaciones aportan un conocimiento de los obstáculos que determinan el éxito o el fracaso de las intervenciones. Su participación debe poder influir en la definición de las necesidades, las modalidades de actuación y la evaluación de los resultados. Esta contribución mejora la pertinencia de las decisiones y favorece su apropiación.

La reforma del sistema multilateral debe evaluarse en función de las mejoras que permite: una representación más equitativa, unas responsabilidades mejor definidas, una coordinación más eficaz y una cooperación más accesible para los países y los agentes que la necesitan.

No obstante, conviene reconocer las responsabilidades propias de cada nivel de actuación. Las Naciones Unidas dependen de la voluntad y la colaboración de sus Estados miembros. Las instituciones internacionales pueden respaldar las políticas nacionales sin sustituir a las autoridades encargadas de llevarlas a cabo. Las organizaciones de la sociedad civil contribuyen a la acción colectiva dentro de los límites de sus mandatos y capacidades.

Aclarar estas responsabilidades permite identificar los medios de actuación y las obligaciones de cada uno. De este modo se evita que las deficiencias se trasladen de un actor a otro, mientras que las necesidades siguen sin respuesta.

La Asociación Mundial para el Desarrollo pretende enmarcar su contribución en este esfuerzo por lograr la coherencia.

De acuerdo con su misión, pretende fomentar la comprensión de las orientaciones internacionales, relacionar sus implicaciones con las necesidades de los pueblos y contribuir a su traducción en acciones concretas en sus ámbitos de intervención. Desea apoyar el diálogo entre instituciones y comunidades, el fortalecimiento de las capacidades y la creación de alianzas orientadas a resultados medibles y sostenibles.

La AMD insta a los Estados, las instituciones internacionales, los socios financieros, las administraciones locales, los agentes económicos y la sociedad civil a que precisen, en relación con los compromisos que asumen, las modalidades de aplicación, los recursos que pueden movilizarse y los mecanismos de seguimiento.

Este enfoque debe permitir constatar los avances, explicar los retrasos y corregir las intervenciones cuando no se alcancen los resultados esperados. Sobre todo, debe preservar la continuidad de la acción más allá de las reuniones internacionales y de los cambios de prioridades.

El alcance de esta 81.ª sesión se prolongará en las decisiones presupuestarias, las políticas nacionales, las alianzas y las iniciativas que le den continuidad. Es a esta labor a la que la AMD desea contribuir, con la convicción de que la cooperación internacional debe ampliar la capacidad de los pueblos para elegir y construir su futuro.

Dotar a los compromisos mundiales de los medios necesarios para que se hagan realidad es reconocer a los pueblos el derecho a esperar que dichos compromisos tengan repercusiones en su propia vida.

En el marco de la 81.ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas

 

Hugues B. GNIMADI
Presidente ejecutivo
Asociación Mundial para el Desarrollo (AMD)
Por un progreso sostenible de los pueblos y las comunidades