Reforzar la formación del profesorado ante los cambios en el ámbito educativo
La formación del profesorado determina la capacidad de los sistemas educativos para responder a las necesidades de los alumnos y a las transformaciones de la sociedad. Ante estos cambios, la Asociación Mundial para el Desarrollo (AMD) subraya la necesidad de un desarrollo profesional accesible, continuo y arraigado en la realidad del aula. Es necesario garantizar tiempo para el aprendizaje y un acompañamiento adecuado en todas las etapas de la carrera profesional.
Los conocimientos evolucionan, los recursos pedagógicos se diversifican y las expectativas depositadas en la escuela se amplían. Los docentes deben poder contar con una preparación sólida y, posteriormente, actualizar sus prácticas a lo largo de toda su trayectoria profesional.
Esta evolución exige una organización sostenible de la formación. Una sucesión de sesiones puntuales no garantiza que los profesionales puedan aplicar lo que han aprendido. La pertinencia de los contenidos, las condiciones de participación y el seguimiento en los centros son esenciales para vincular la formación con la mejora de la enseñanza.
¿Por qué prolongar la formación más allá del inicio en la profesión?
La formación inicial proporciona conocimientos disciplinarios y pedagógicos indispensables. Prepara para diseñar un plan de progresión, dirigir una clase y evaluar los conocimientos adquiridos. Sin embargo, algunas dificultades se ponen de manifiesto en toda su magnitud cuando el profesor comienza a ejercer. Por lo tanto, el inicio en la profesión debe ir acompañado de un apoyo adecuado. Poder preparar una sesión con un compañero con experiencia, analizar una situación o recibir comentarios constructivos permite desarrollar progresivamente la seguridad profesional. Este acompañamiento merece ser organizado, en lugar de dejarse únicamente a la disponibilidad informal de los equipos.
La formación continua responde, además, a otras necesidades: profundización en la materia, evolución de los planes de estudios, acompañamiento de nuevos colectivos o asunción de responsabilidades. Debe reconocer que la experiencia constituye un recurso, al tiempo que ofrece oportunidades periódicas de reflexión y progresión.
¿Cómo adaptar la formación a las necesidades del aula?
Una formación útil parte de dificultades y objetivos claramente identificados. Las necesidades de un profesor novel no son necesariamente las mismas que las de un profesional con experiencia. Además, varían en función del nivel educativo, la asignatura, las características de los alumnos y los recursos disponibles. Los contenidos deben poder traducirse en prácticas viables. Presentar un método que requiera un equipamiento inaccesible reduce sus posibilidades de aplicación. Por el contrario, trabajar a partir de las herramientas realmente disponibles ayuda a los docentes a elaborar respuestas adaptadas a su entorno.
El seguimiento tras la formación también resulta determinante. Un periodo de experimentación, los intercambios entre compañeros y la reflexión sobre las dificultades encontradas permiten ajustar las prácticas. El objetivo debe ser comprender qué cambios introduce la formación en el trabajo diario y en el acompañamiento de los alumnos. Por lo tanto, la evaluación no puede limitarse al número de participantes ni a los certificados expedidos. Debe examinar también la pertinencia de los contenidos, las posibilidades de aplicación y las necesidades de apoyo que aún persisten.
¿Qué competencias se necesitan para atender a la diversidad de los alumnos?
La enseñanza debe permitir que los alumnos con trayectorias diferentes progresen. Esta responsabilidad exige saber detectar las dificultades, variar las explicaciones y adaptar determinadas actividades sin renunciar a los objetivos de aprendizaje. La formación puede ayudar a comprender mejor los obstáculos relacionados con la lengua de enseñanza, las interrupciones en la escolarización o las situaciones de discapacidad. Asimismo, debe permitir identificar los límites de la intervención del docente y las circunstancias en las que es necesario un apoyo especializado.
La educación inclusiva se basa en una responsabilidad colectiva. La formación del profesorado debe ir acompañada del acceso a recursos adecuados, la cooperación con las familias y la presencia de profesionales competentes cuando las situaciones lo exijan. Las nuevas competencias no pueden surtir todo su efecto si el entorno escolar sigue sin ser lo suficientemente accesible.
Desde esta perspectiva, la AMD vincula el desarrollo profesional con la igualdad de oportunidades. La formación debe dotar a los docentes de medios adicionales para acompañar a los alumnos que se enfrentan a los obstáculos más importantes.
¿Cómo garantizar un acceso equitativo a la formación continua?
La mera existencia de una oferta no garantiza la posibilidad de participar en ella. Los desplazamientos, los gastos, los horarios y la falta de sustitutos pueden limitar el acceso a la formación. Una política coherente debe abordar estos obstáculos al mismo tiempo que los contenidos.
Los formatos presenciales, a distancia y mixtos pueden complementarse entre sí. Su elección debe depender de los objetivos y de las condiciones reales de los participantes. La formación a distancia puede reducir ciertos desplazamientos, pero exige disponer de equipos, tiempo libre y un acompañamiento adecuado.
La formación también debe encontrar su lugar en la organización del trabajo. Cuando se suma sistemáticamente a las responsabilidades existentes, corre el riesgo de aumentar las limitaciones que debería ayudar a resolver. Prever tiempo dedicado a ella supone un reconocimiento concreto del desarrollo profesional.
Preparar el futuro de la educación supone brindar a los docentes la posibilidad de actualizar sus conocimientos y de formarse una opinión fundamentada sobre la evolución de su profesión. La Asociación Mundial para el Desarrollo considera que este acceso a las competencias es un componente esencial de la condición docente. Una formación pertinente, acompañada de medios para su aplicación, refuerza la capacidad de los centros educativos para transmitir conocimientos, acoger la diversidad de los alumnos y fomentar su autonomía.
Samyath A. AMOUSSA