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Artículo ONU

Prevenir futuras pandemias mediante el fortalecimiento de los sistemas sanitarios

Entre la aparición de una amenaza infecciosa y su propagación, la rapidez del diagnóstico, la circulación de la información y las capacidades de intervención pueden marcar una diferencia decisiva. Estos medios se construyen a lo largo del tiempo. La reunión de alto nivel sobre pandemias, prevista para el 25 de septiembre de 2026 en el marco de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, implica, por tanto, una responsabilidad colectiva: consolidar los sistemas sanitarios y organizar una cooperación capaz de entrar en acción desde los primeros indicios de alerta.

 

De la alerta local a la seguridad sanitaria mundial

La preparación ante las pandemias se basa en capacidades interdependientes: detectar un suceso inusual, determinar su naturaleza, transmitir la información y poner en marcha una respuesta adecuada. Una deficiencia en cualquiera de estas etapas puede retrasar todo el dispositivo.

Por lo tanto, la atención primaria, los laboratorios, los servicios de vigilancia y las autoridades públicas deben funcionar como componentes de un mismo sistema.

Detectar rápidamente y poder actuar

La vigilancia sanitaria cobra sentido en las decisiones que permite tomar. Una notificación debe dar lugar a una investigación, una toma de muestras a un análisis fiable y un diagnóstico a una intervención suficientemente rápida.

Un ejemplo documentado por la OMS ilustra el alcance de estas inversiones. En Kivu del Sur, en la República Democrática del Congo, el refuerzo de las capacidades locales para el diagnóstico de la viruela del simio ha permitido reducir los plazos de obtención de resultados a entre 24 y 48 horas, frente a los hasta diez días que se tardaba anteriormente, según un reportaje publicado en diciembre de 2024. El apoyo combinó equipamiento, suministros y formación de los técnicos. Este resultado local ilustra la importancia de contar con una cadena de diagnóstico operativa.

Los recursos humanos siguen siendo determinantes. En una publicación del 18 de septiembre de 2026, la OMS recuerda que se prevé una escasez mundial de 11,1 millones de profesionales sanitarios de aquí a 2030. Esta previsión abarca todas las necesidades sanitarias, incluida la capacidad para hacer frente a las emergencias.

Por lo tanto, la preparación exige formar, contratar y fidelizar a los equipos, al tiempo que se organiza su distribución territorial. Los equipos no pueden cumplir su función sin las competencias necesarias para su uso y mantenimiento.

Prevenir los riesgos en su origen

El fortalecimiento de los sistemas sanitarios debe ir acompañado de medidas que aborden las condiciones que propician la aparición y la propagación de las amenazas. Esto exige la cooperación entre la salud pública, los servicios veterinarios, la agricultura y la protección del medio ambiente.

El enfoque «Una sola salud», impulsado conjuntamente por la FAO, el PNUMA, la OMS y la Organización Mundial de Sanidad Animal, proporciona un marco para articular estas competencias. Su objetivo principal es prevenir, detectar y controlar mejor los riesgos en la interfaz entre las personas, los animales y su entorno.

Esta cooperación debe traducirse en responsabilidades bien definidas, intercambio de información e intervenciones coordinadas. Reducir el riesgo de aparición, contener un brote y tratar a los enfermos son funciones complementarias, cada una de las cuales requiere capacidades específicas.

La seguridad sanitaria depende de su articulación, desde los territorios hasta los mecanismos internacionales.

Consolidar los recursos científicos, industriales y financieros

Disponer de información temprana no garantiza el acceso a los recursos necesarios para responder. Las capacidades de investigación, producción, adquisición y distribución determinan igualmente la posibilidad de proteger a la población.

Esta dimensión sitúa la preparación ante las pandemias en la encrucijada entre la salud, la política industrial y la cooperación internacional.

Reducir las dependencias críticas y organizar un acceso equitativo

En un comunicado publicado el 3 de febrero de 2026, el Africa CDC señala que más del 90 % de las vacunas y las contramedidas médicas utilizadas en África son importadas. Esta dependencia expone a los programas sanitarios a las perturbaciones de las cadenas de suministro internacionales.

Reforzar la producción nacional y regional puede contribuir a garantizar el abastecimiento. Sin embargo, su viabilidad requiere competencias especializadas, transferencias de tecnología, materias primas, control de calidad y una demanda suficientemente previsible. El Africa CDC subraya la importancia de estas condiciones para desarrollar de forma sostenible la fabricación de productos sanitarios.

Para la Asociación Mundial para el Desarrollo, estas inversiones tienen un alcance estratégico: pueden apoyar la investigación, desarrollar competencias y reducir las vulnerabilidades en el suministro. Su interés público debe evaluarse en función de la calidad, el coste y la accesibilidad efectiva de los productos.

La cooperación mundial sigue desempeñando un papel determinante. El Acuerdo de la OMS sobre pandemias, adoptado en 2025, prevé, en particular, un mecanismo de acceso a los agentes patógenos y de reparto de beneficios. A fecha de 18 de septiembre de 2026, proseguían las negociaciones sobre el anexo correspondiente; su finalización debe allanar el camino para la firma y el examen de la ratificación por parte de los países.

El reto consiste en impulsar conjuntamente el intercambio científico y el acceso equitativo a los productos desarrollados gracias a esta cooperación.

Mantener las capacidades una vez que la emergencia haya pasado

La preparación exige gastos regulares: remuneración del personal, mantenimiento, renovación de las existencias y simulacros. Su financiación debe integrarse en las políticas públicas y contar con un apoyo internacional previsible.

Según su informe de situación publicado en marzo de 2026, el Fondo de Lucha contra las Pandemias había concedido 1.400 millones de dólares en subvenciones, junto con 10.100 millones de dólares en cofinanciación internacional y coinversiones nacionales, para una cartera que abarcaba 128 países. Estas cifras reflejan la financiación asignada y movilizada; por sí solas, no constituyen una medida de las capacidades efectivamente operativas.

Por lo tanto, la evaluación debe centrarse en la traducción de los recursos en resultados: plazos de detección, disponibilidad de pruebas, estabilidad de los equipos, continuidad de la atención sanitaria y capacidad para coordinar una intervención transfronteriza.

La AMD considera que esta continuidad es una condición para el desarrollo sostenible. Protege las competencias acumuladas, el valor de las inversiones y el funcionamiento de las instituciones sometidas a presión. Además, limita el riesgo de que los gastos de emergencia repetidos pongan en peligro las decisiones de desarrollo a largo plazo.

La reunión del 25 de septiembre debe permitir evaluar los compromisos a esta escala: la de unas capacidades accesibles, operativas y mantenidas a lo largo del tiempo. Ningún sistema puede eliminar por completo el riesgo de pandemia, pero las responsabilidades en materia de prevención y preparación pueden establecerse y supervisarse con claridad.

La próxima amenaza pondrá a prueba las capacidades que los Estados y sus socios hayan decidido mantener entre crisis.

 

 

Morgan CHOKI