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Acciones que cuentan

Declaración del presidente ejecutivo de la Asociación Mundial para el Desarrollo con motivo del Día Mundial del Turismo

Replantearse el turismo para un progreso compartido

El turismo implica mucho más que el simple desplazamiento de personas. Establece vínculos entre culturas, moviliza recursos, transforma territorios y abre nuevas perspectivas para las poblaciones. Puede impulsar economías, poner en valor el patrimonio y convertir el descubrimiento del otro en una experiencia de comprensión mutua.

Esta contribución le confiere una responsabilidad especial: la de desarrollar una actividad cuyos beneficios puedan compartirse y cuyas condiciones de existencia se preserven de forma sostenible.

El Día Mundial del Turismo de 2026, dedicado a la tecnología digital y a la inteligencia artificial para replantear el turismo, nos invita a examinar esta responsabilidad a la luz de una profunda transformación.

Las tecnologías están modificando ahora la forma en que se conocen los destinos, se organizan los viajes, se ofrecen los servicios y se orientan las elecciones. Su influencia se extiende a la visibilidad de los territorios, a la competitividad de las empresas y a la distribución de los ingresos.

Detrás de la transformación de las herramientas se perfila una transformación de las relaciones económicas y de las capacidades de decisión.

Parala Asociación Mundial para el Desarrollo, esta evolución debe evaluarse partiendo de una cuestión esencial: ¿en qué condiciones permitirá a las poblaciones vivir mejor del turismo y a los territorios controlar mejor su desarrollo?

Las posibilidades son considerables. Una empresa puede acceder a una clientela a la que antes no tenía acceso. Un profesional puede dar a conocer mejor su saber hacer. Un destino puede prever su afluencia de visitantes, adaptar sus servicios y proteger mejor sus lugares de interés. Un viajero puede disponer de información más accesible y descubrir lugares que, de otro modo, le habrían resultado desconocidos.

Estas posibilidades merecen ser desarrolladas. Demuestran que la innovación puede ampliar las perspectivas económicas y mejorar la calidad de la experiencia turística.

Sin embargo, su puesta en práctica exige medios, competencias y normas. La disponibilidad de una tecnología no garantiza ni su accesibilidad, ni la pertinencia de su uso, ni la equidad de sus efectos.

Las empresas y los territorios abordan esta transformación con capacidades diferentes. Algunos disponen de las infraestructuras, los datos y los recursos necesarios para sacar partido de ella. Otros siguen teniendo dificultades para asegurar su presencia digital, financiar sus equipos o formar a sus profesionales.

Sin un acompañamiento adecuado, se corre el riesgo de que las ventajas de la innovación se concentren allí donde las condiciones de desarrollo ya son más favorables.

A esta desigualdad de acceso se suma una cuestión de dependencia. Los actores que gestionan la visibilidad, las recomendaciones y las reservas pueden ejercer una influencia determinante sobre la actividad de los destinos. Las empresas locales deben poder comprender las condiciones de su acceso a los mercados, preservar su relación con los viajeros y conservar una parte equitativa del valor que contribuyen a crear.

Un territorio debe poder participar en las decisiones que determinan la forma en que se descubre, se visita y se valoriza.

Esta capacidad es indispensable, ya que las consecuencias del turismo se viven sobre el terreno. Afectan al empleo, a los ingresos, al uso del agua, a las infraestructuras, a los espacios naturales y a la vida cotidiana de los habitantes.

Un aumento de la afluencia turística puede impulsar la economía, al tiempo que acentúa ciertas presiones. Un destino puede ganar notoriedad sin que su población se beneficie suficientemente de ese reconocimiento. Una actividad puede volverse más rentable a corto plazo, al tiempo que debilita los recursos de los que depende su futuro.

La evaluación del progreso turístico debe tener en cuenta estas realidades. Debe vincular los resultados económicos con la calidad de los puestos de trabajo, las repercusiones locales, la conservación del patrimonio y las condiciones de vida de las comunidades de acogida.

La tecnología digital y la inteligencia artificial pueden contribuir a esta comprensión. Su utilidad será tanto mayor cuanto más claramente se hayan definido los objetivos perseguidos junto con las partes interesadas.

La transformación de las profesiones también requiere una atención constante. La automatización puede aligerar ciertas tareas y mejorar los servicios. También puede modificar las responsabilidades, cambiar las necesidades de competencias y debilitar las trayectorias profesionales.

Los trabajadores deben poder comprender estos cambios, prepararse para ellos y encontrar en ellos nuevas perspectivas. La formación y el diálogo con los profesionales deben acompañar las decisiones tecnológicas desde su concepción.

El turismo conserva, en este sentido, una dimensión humana fundamental. La acogida, la interpretación del patrimonio, el conocimiento de un territorio y la transmisión de la memoria se basan en experiencias y conocimientos que dotan al viaje de su profundidad.

Su valor debe reconocerse tanto en los modelos económicos como en las prácticas digitales.

La representación de las culturas exige lo mismo. La información generada o difundida a gran escala puede arrojar luz sobre un descubrimiento, pero también propagar un error o reducir una tradición a una presentación simplificada. Las comunidades deben poder contribuir a la forma en que se narran su historia y su patrimonio.

La confianza de los viajeros y de las poblaciones supone, por tanto, contenidos fiables, una protección efectiva de los datos y responsabilidades identificables.

La Asociación Mundial para el Desarrollo considera que replantearse el turismo exige coherencia entre la innovación, las políticas públicas y las prioridades de los territorios.

A las autoridades públicas les corresponde la responsabilidad de crear las condiciones para una transformación accesible y de preservar el interés general. Las empresas turísticas y tecnológicas deben responder por las repercusiones de sus prácticas. Los socios internacionales deben apoyar las capacidades de los destinos menos equipados. Las comunidades de acogida deben disponer de un papel real en las decisiones que comprometen su futuro.

Esta responsabilidad común debe traducirse en inversiones, formación, gobernanza de los datos y evaluación de los resultados.

El turismo del mañana se construye a partir de las decisiones que se tomen hoy. Su calidad dependerá de nuestra capacidad para combinar la eficacia de las tecnologías con la diversidad de las culturas, la dignidad del trabajo y la preservación de los recursos.

Replantearse el turismo significa dotar a los pueblos de los medios necesarios para compartir sus riquezas, beneficiarse de su valor y garantizar su transmisión.

Día Mundial del Turismo

Presidente ejecutivo

Hugues B. GNIMADI

Asociación Mundial para el Desarrollo — AMD
TRABAJEMOS POR UN PROGRESO SOSTENIBLE