Ilustración generada por IA en la que se muestra a socorristas civiles guiando a los vecinos durante un simulacro de evacuación señalizado con conos en un barrio intacto.
Acciones que cuentan

Proteger a las familias frente a las catástrofes: el papel de los Estados en la preparación y el rescate

 

Cuando un peligro amenaza a un barrio, las familias necesitan saber qué está ocurriendo, dónde ponerse a salvo y cómo obtener ayuda. La respuesta a estas necesidades se basa en una organización preparada antes de que se produzca la emergencia. Los Estados desempeñan un papel fundamental en esta preparación: definen las responsabilidades, respaldan las capacidades locales y organizan la movilización de los servicios de socorro. La protección de los hogares depende de cómo los habitantes y los equipos encargados de prestarles ayuda puedan hacer uso de estas medidas.

Responsabilidades definidas antes de la crisis

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Illustration fictive générée par IA : trois secouristes adultes inspectent des cordes, des mousquetons et des casques dans un local lumineux.

La preparación pone en relación a servicios con misiones diferentes. Algunos vigilan los peligros, otros difunden las alertas, organizan los desplazamientos o prestan socorro. Especificar sus funciones permite saber quién toma una decisión, a partir de qué información y con qué medios. Esta distribución reduce las incertidumbres cuando el tiempo disponible es limitado.

El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres reconoce la responsabilidad primordial de los Estados, al tiempo que destaca el papel de los demás actores. En función de la organización de cada país, las administraciones locales se encargan de una parte importante de la preparación a nivel local. Necesitan interlocutores identificados y procedimientos para solicitar apoyo cuando sus capacidades se ven desbordadas.

Al hacer hincapié en la anticipación de las crisis y la protección de los lugares de vida, la Asociación Mundial para el Desarrollo (AMD) vincula la seguridad de la población a las decisiones tomadas con antelación. Su mensaje concede especial importancia a la información de los habitantes y a la preparación de los territorios. Estas orientaciones ponen de manifiesto la importancia de contar con una organización pública capaz de actuar antes de que el peligro se convierta en una emergencia.

¿Qué se necesita para que una alerta permita actuar?

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Illustration fictive générée par IA : une adulte en fauteuil roulant se déplace aux côtés d’une intervenante civile sur un chemin large équipé de rampes.

Una alerta útil combina información fiable con las medidas que se deben tomar. Los habitantes necesitan comprender la naturaleza del peligro, los lugares afectados y las medidas recomendadas. Las indicaciones demasiado generales pueden dejar a una familia en la incertidumbre sobre la necesidad de marcharse o sobre dónde encontrar información adicional.

La difusión tiene en cuenta los medios realmente accesibles para la población. El teléfono, la radio y los puntos de difusión locales pueden complementarse para reducir al mínimo las situaciones en las que no se reciba un mensaje. La elección de los idiomas y los formatos también es importante. Una instrucción difundida rápidamente pierde su utilidad si una parte de las personas afectadas no puede entenderla.

La preparación permite dar a conocer las fuentes oficiales y el significado de los mensajes antes de que se produzca una situación de peligro. De este modo, los habitantes pueden aprender a reconocer una alerta y a seguir sus actualizaciones. Las autoridades también se benefician de verificar la recepción de la información, especialmente en zonas alejadas o entre las personas que utilizan poco los canales habituales. Esta verificación ayuda a detectar las interrupciones que se producen entre la difusión de un mensaje y su llegada a los hogares.

Organizar una evacuación a un lugar seguro accesible para todos

Las posibilidades de seguir una instrucción varían de un hogar a otro. Algunas personas pueden llegar por sí mismas a un lugar seguro; otras necesitan transporte, ayuda para desplazarse o la presencia de un familiar. Preparar una evacuación exige reconocer estas diferencias y prever la asistencia correspondiente.

Las rutas y los lugares de acogida deben examinarse teniendo en cuenta las condiciones en las que podrían utilizarse. Un trayecto que normalmente es transitable puede quedar cortado por las aguas. Un edificio de acogida puede resultar de difícil acceso para una persona con movilidad reducida. Por lo tanto, es recomendable que los planes prevean soluciones alternativas y especifiquen quién informará a los residentes en caso de que cambien las disposiciones iniciales.

La acogida también requiere preparación. El acceso al agua, a las instalaciones sanitarias y a la atención médica necesaria influye en la posibilidad de permanecer temporalmente fuera del domicilio. Involucrar a los residentes, a las personas con discapacidad y a sus representantes en esta organización ayuda a identificar necesidades que, de otro modo, podrían pasarse por alto.

Las familias pueden preparar sus contactos y familiarizarse con las instrucciones locales. Estas medidas resultan útiles en el marco de un dispositivo colectivo que les ofrezca posibilidades reales de protección. Por lo tanto, la información dirigida a los hogares debe explicar tanto las medidas que se esperan de ellos como la ayuda a la que pueden acceder.

Dotar a los equipos de rescate de los medios necesarios para intervenir

Cuando hay personas aisladas, heridas o atrapadas, la respuesta moviliza competencias y medios adaptados a la situación. La preparación de los equipos incluye la formación, el entrenamiento y la disponibilidad de equipos en buen estado. Los equipos también requieren condiciones de transporte y uso que permitan su intervención allí donde se identifiquen las necesidades.

También es necesario preparar el trabajo conjunto entre los distintos servicios. Los equipos de búsqueda y rescate, los servicios médicos de emergencia y los responsables locales deben compartir la información relevante sobre los peligros, las personas desaparecidas y las zonas ya rastreadas. Esta coordinación facilita la organización de las intervenciones y la orientación de los refuerzos. Los métodos de cooperación resultan aún más útiles cuando se han puesto a prueba antes de que se produzca una catástrofe.

Por último, las autoridades deben prever las situaciones en las que los recursos disponibles sobre el terreno resulten insuficientes. Los procedimientos para solicitar y acoger refuerzos permiten conectar las capacidades locales con los recursos regionales, nacionales o, cuando sea necesario, internacionales. Esta organización requiere conocer las capacidades que pueden movilizarse y los plazos que necesitan para intervenir.

¿Qué aportan los simulacros a la protección real de los hogares?

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Illustration fictive générée par IA : trois adultes réunis autour d’une table dans un logement intact, avec une radio, un téléphone et un sac d’urgence.

Un simulacro permite observar cómo funcionan las medidas previstas para quienes las aplican. ¿Entienden los participantes las instrucciones? ¿Se atiende a las personas que necesitan ayuda? ¿Consiguen los servicios intercambiar la información necesaria? La observación de estas situaciones pone de manifiesto dificultades que la lectura de un plan no siempre revela.

El interés del simulacro depende del trabajo que se realice a raíz del mismo. Las observaciones recabadas entre los vecinos y los intervinientes sirven para corregir los procedimientos, completar la formación o revisar determinados recursos. Es importante precisar quién se encarga de estos ajustes y verificar su ejecución. Este mismo proceso de aprendizaje puede llevarse a cabo tras una intervención, analizando las dificultades encontradas sin hacer recaer sobre las familias la responsabilidad de las deficiencias del sistema.

La preparación y el rescate cobran sentido en esta capacidad de responder a las situaciones vividas. Una organización pública sólida permite vincular la alerta recibida con una posible puesta en seguridad y, a continuación, con los servicios de socorro que se pueden movilizar. Es sobre esta continuidad concreta, probada y mejorada a lo largo del tiempo, sobre la que los hogares pueden basar su propia preparación.